viernes, 4 de febrero de 2011

SÉ NUBE y deja que los vientos te conduzcan...





Existe una paradoja axiomática: "Tal parece que si te dejas fluir, entonces las cosas saldrán como tú quieres". Sé que para el ojo inexperto esta afirmación puede ser vista como total contradicción. Pero no es así.


Desde hace tiempo vengo viviendo un "desafane" al no querer controlar absolutamente nada de lo que me sucede, y al mismo tiempo que lo he logrado he notado con asombro que todo lo que pienso sucede!, y con mayor celeridad y acuciosidad. ¿Cómo me lo explico? Quizá por la concatenación de los siguientes eventos:

Las cosas que suceden, tienen que suceder como parte de un plan perfecto y saber esto te conecta y convierte en paz. Aceptar esta verdad universal resulta un enorme desafío para nuestro ego, esa parte de nosotros que se obstina en querer tener el control absoluto de las cosas.

Cuando decides cambiar para mejorar, cuando recibes señales del destino para madurar, entras a una espiral ascendente de evolución espiritual donde te vas dando cuenta de que tal parece que ya todo está diseñado desde un plan mayor, mucho mayor.

Ya no luchas, ya no te obsesionas, ya no te cuestionas con dolor incesante, ya no te esfuerzas en vano. Aceptas pacíficamente que lo que sucede es precisamente lo que tenía que suceder para la más sana evolución de todos los involucrados. Por supuesto que aún así como humanos nos reservamos el privilegio de tener una intención para lograr determinado resultado.

Por supuesto que debemos hacer el intento para hacer que las cosas sucedan. Pero al mismo tiempo debemos aceptar que si el resultado es distinto a lo que deseábamos, si es diferente a lo que esperábamos luego de hacer lo que hicimos incluso con ahínco y maestría, es porque hay un plan superior al que no estaba alineado nuestro intento, y pacíficamente debemos aceptar lo que suceda.

Incluso cuando se llega a este nivel de conciencia, en vez de molestarte porque las cosas no salieron como tú deseabas y más luego de que tu ego te trata de convencer ferozmente de que merecías el resultado planeado luego de tanto esfuerzo, en vez de eso, si las cosas no resultan como lo esperabas, podrías voltear al cielo y con una sonrisa decir: "Está bien, me alegro que exista desde un plano muy superior el poder para corregir y mejorar.

Descubro que mi intención no estaba alineada a un plan mayor y me alegro de que se me alinee con lo mejor que seguro está por venir". Paz. Experimentas y te conviertes en paz.

E incluso más allá, si las cosas resultan tal como tú lo deseabas, debes darte cuenta de que tampoco es lo que tu ego te hace creer de que "tú lo lograste", sino más bien en ese caso podrías decir volteando al cielo: "Me alegro que mi intención estuviera alineada con un plan mayor y así se me permitiera aportar lo necesario para que aquel plan mayor se siga cumpliendo.

Estoy agradecido por participar con esta aportación que se me permitió". Humildad y paz. Ahí también te conviertes en paz.

Créeme que alcanzas a descubrir claramente que uno no es el que está diseñando las cosas, sino que uno es parte del diseño. El paradigma cambia de creerte líder o descubrirte fiel sirviente. La conciencia cambia de suponer que uno manda a descubrir que uno obedece. Y con el tiempo si alcanzas a descubrir quién manda en verdad, empieza a ser placenterísimo el obedecer, incluso dichoso.

¡Caray! Si tan solo supieras que cada mañana que tienes la dicha de despertar el universo entero te tiene preparadas constantes sorpresas agradables! Lo único que tienes que saber es aprender a leer las señales de destino que se van apareciendo al paso de los minutos, y obedecerlas como dicha de este hallazgo. Atreverse a decir "sí" por todo lo que se construye inmediatamente después y como consecuencia de ese "sí".

Cuando descubres eso, cuando te das plena cuenta, hasta dan ganas de caer de rodillas agradeciendo la dicha de poder obedecer. El Señor no tiene horarios, no es un jefe, no da un sueldo específico, no da un aguinaldo ya cuantificado. Dá mucho más que todo eso junto. Mucho, mucho más.

Vivir en la conciencia de la emocionante sorpresa de todo momento, hace que incluso te puedas adelantar sabiendo que siempre pasa así, que al final todo es bueno, y si lo que vives no es bueno, sabes perfecto que ese no es todavía el final.

Cuando sientes paz, cuando sientes emoción, cuando sientes entusiasmo, el nivel al que vibra tu energía es alto, altísimo. Y en esos niveles, hay salud, hay bienestar pero sobre todo, hay capacidad creadora.

Entonces, estando así, sintiendo así, de ser creado también eres creador. Me atrevería a decir que si Dios habita en nosotros, se evidencia que sí habita cuando manifestamos Su capacidad creadora.

Encontrado en la red. Gracias Mari Angeles, interesante perspectiva :)

6 comentarios:

J. Alberto Faccio Vedani dijo...

Me gusta mucho, y esta perfectamente alineado a mi punto de vista existencial, como individuo, como colectivo, y además esta acorde con lo que hablábamos hoy por la noche, de que si viviéramos en CarpeDien siempre estaríamos en plenitud, en Paz y Armonía.

Un abrazen.

Erick Bojorque dijo...

Saludos cordiales.

¡Muy bueno!
¡Descubrir las sorpresas!

Atentamente
Erick Bojorque

J. Marcos B. dijo...

Gracias por estar amigos:)

Queda claro que es mejor "Ser Nube", pero recordando que uno puede serlo sentado encima donde brilla el Sol, o por debajo donde llueve a menudo...


A seguir entrenando :) Namasté

beatriz dijo...

Me pareció bárbaro!!!! vivir el hoy,"solo por hoy" y dejar que la vida me sorprenda!!!! seguro que me sorprenderá,gracias,cariños,
Bea

J. Marcos B. dijo...

la vida siempre sorprende...

Gracias Bea. Namasté

M. A. Soro Falces dijo...

Vivir el aquí y ahora, en presente, crea, una vida plena, ya que te colocas en estados de alerta y ves las cosas venir.

Si no buscamos, todo viene a nosotros, debemos de disfrutar de lo que tenemos y sin pedir mas, tenemos todo.

Ya que no tiene mas, el rico, sino el que disfruta, con lo que tiene.

En el yoga decimos, que todo viene a nosotros....solo tenemos que elegir, lo mejor.

Decimos, que tenemos una barca de vela y por ello no necesitamos darle a los remos, sino dejarnos llevar por los vientos, que nos empujan, llevando rectamente el timón, hacia donde queremos ir.

Namasté