lunes, 16 de febrero de 2009

PATANJALI dice...final.

Este es el ultimo post de la serie Patanjali, para el entre ahora que sepa que hay cuatro post que leer antes por si le interesa, buena lectura. Marcos.


Medita también sobre cualquier cosa que te atraiga...

Medita sobre la cara de tu amado; medita. Si amas las flores, medita sobre una rosa. Medita sobre la luna, sobre lo que quieras. Si amas la comida, medita sobre la comida. ¿Por qué dice Patanjali, «... cualquier cosa que te atraiga»? Porque la meditación no ha de ser un esfuerzo obligado. Si es obligado, está condenado al fracaso desde el mismo comienzo; algo obligado nunca te hará natural. Por esto, desde el mismo principio, descubre algo que te atraiga. No hay necesidad de crear conflictos innecesarios. Y has de entender esto, porque la mente tiene una capacidad natural para meditar si le proporcionas objetos que la atraigan.

En una pequeña escuela, un niño está escuchando: los pájaros están gorjeando en los árboles y él escucha; está absorto escuchando. Está en comunión. Se ha olvidado del maestro, ha olvidado la clase. Ha dejado de estar allí; él es una atención extática. La meditación ha surgido. Entonces el maestro le dice, «¿Qué haces? ¿Estás dormido? ¡Concéntrate en la pizarra!» Entonces el chico ha de esforzarse, lo ha de intentar. Esos pájaros nunca le dijeron al niño, «¡Presta atención! ¡Escucha cómo cantamos!» Simplemente sucedió porque el niño sentía una profunda atracción. La pizarra parece poco atractiva y su maestro tiene un aspecto feroz, y todo resulta una obligación. Lo intenta, pero mediante el esfuerzo nadie puede meditar. Una y otra vez la mente se escapa. Muchas son las cosas que suceden fuera de la clase: de repente un perro empieza a ladrar, un mendigo pasa cantando, o alguien toca la guitarra. En el exterior ocurren millones de cosas y él tiene que enfocar su atención una y otra vez en la pizarra, en la fea aula.

Hemos construido escuelas a modo de prisiones. En la India, los edificios de la escuela y de la prisión son del mismo color: rojos. Las aulas son repugnantes. Allí no hay nada atractivo: ni juguetes, ni música, ni árboles, ni pájaros; nada. El aula se ha construido para obligar a tu atención. Has de aprender a concentrarte.
Y ésta es la diferencia entre concentración y meditación. La concentración es algo obligado; la meditación es natural.

Patanjali dice,

Medita también sobre cualquier cosa que te atraiga.

Entonces, espontáneamente, todo tu ser empieza a florecer. Simplemente mira la cara de tu amado. Medita sobre sus ojos.

Generalmente los maestros religiosos te dirán, «¿Qué estás haciendo? ¿Es esto meditación?» Te enseñan a no pensar en tu amado mientras estás meditando. Creen que es una distracción. Y esto es algo muy sutil que ha de ser comprendido: en el mundo no existen distracciones. Si haces esfuerzos que no son naturales, entonces aparecen las distracciones. Tú las creas. A todo tu ser le gustaría contemplar la cara de tu esposa, de tu marido, de tu hijo, y el maestro religioso te dice, «Eso son distracciones, son fantasías. Ve al templo, a la iglesia; medita sobre la cruz». Meditas sobre la cruz. Una y otra vez te acuerdas de tu amada. Ahora, la cara de tu amada se convierte en una distracción. No es que sea una distracción, no hay nada de especial en meditar sobre la cruz. Simplemente eres estúpido. ¿Qué necesidad hay de ir y meditar sobre la cruz? Si te atrae, bien, pero no hay una necesidad implícita. La cruz no contiene una cualidad especial.

De hecho, siempre que surge la meditación, aparece una cualidad especial. La meditación aporta una cualidad especial. No está en el objeto; está en ti. Cuando meditas sobre algo, le das tu ser interior. De repente se convierte en sagrado. Los objetos no son sagrados; la meditación los hace sagrados. Puedes meditar sobre una roca, y de repente la roca se convierte en el templo. Ningún Buda es tan hermoso como esa roca si meditas sobre ella. ¿Qué es meditación? Es cubrir la roca con tu consciencia. Es dar vueltas alrededor de la roca, absorto en tan profunda comuni-cación, que aparece un puente entre tú y la roca. La separación desaparece; estáis unidos. En realidad, no sabes quién es el observador y quién es lo observado. El observador se convierte en lo observado; lo observado se convierte en el observador. Ahora no sabes quién es la roca y quién es el meditador. De repente, las energías se encuentran y se mezclan, y allí está el templo. No crees innecesariamente distracciones, pues entonces te convertirás en un desgraciado.

Vino alguien que había estado practicando una cierta clase de mantra durante muchos años y me dijo, «Una y otra vez me distraigo». Yo le pregunté, «¿Qué te distrae?» Su esposa había muerto y él la amaba mucho. Yo conocía a esa mujer; era realmente una bella persona. Él nunca volvió a casarse. Realmente la amaba. Ninguna otra mujer le atrajo nunca. Ahora ella ha muerto y surge el vacío y él experimenta su soledad.

Debido a esta soledad acudió a un maestro, «¿Cómo puedo librarme del recuerdo de mi esposa?» Y él le dio un mantra. Estuvo entonando el mantra durante al menos tres años y siempre que entonaba el mantra como un robot, una y otra vez, aparecía la mujer, aparecía el rostro. No era capaz de olvidar a la mujer. El mantra no resultó tener la potencia suficiente. Por eso vino aquí muy afligido. Dijo, «Han pasado tres años y me sigue acechando siempre su recuerdo y parece que no puedo quitármelo de encima. Ni incluso este mantra me ha ayudado. Y lo he estado practicando absoluta y religiosamente durante tres años». Le dije, «Eres un estúpido. No tienes necesidad de utilizar este mantra. Repite el nombre de tu esposa; conviértelo en un mantra. Mantén su foto delante de ti; mira su foto, conviértela en la imagen del Divino». Él dijo, «¿Qué estás diciendo? Ella es lo que me distrae». Por esto le dije, «Haz de la distracción tu meditación. ¿Por qué crear conflictos?»
Una distracción puede convertirse en el objeto mismo de meditación. Y es una distracción porque en lo profundo tiene un cierto atractivo, una cierta armonía. Por eso el mantra resultó inútil, impotente; porque el mantra es algo sobreimpuesto. Alguien pronuncia una palabra y tú la repites, y la palabra carece para ti de atractivo. Antes no existía para ti, no está enraizada en ti. La esposa es algo muy profundo. El amor es más profundo que cualquier mantra: entonces ¿por qué pierdes tu tiempo? Él dijo, «Lo intentaré». Y al cabo de unos días me escribió una carta, «¡Es tremendo! Me siento muy calmado y tranquilo. Y, realmente, mi mujer es maravillosa. Ni tengo que pensar que me está distrayendo».

Recuerda esto porque puede que estés haciendo muchas cosas como ésta. Siempre que sientas que algo te distrae, eso solamente demuestra que sientes una atracción natural hacia ello; nada más. Entonces, ¿por qué crear un conflicto? Ve en la misma dirección, conviértelo en objeto de meditación. Sé natural, no reprimas, no crees conflictos y lo lograrás.

Nadie lo logra nunca a través de conflictos; el conflicto crea una personalidad dividida. Ve hacia lo que te atrae naturalmente. Entonces serás uno, entonces serás un todo, entonces no estarás dividido, entonces serás de una pieza; no serás una casa dividida contra ella misma. Y cuando te mueves como una sola pieza, en tu movimiento aparece una danza y no hay nada en ella que no sea divino.

Puede que te sorprenda. Sucedió una vez que un gran monje budista, Nagarjuna, se encontraba en un pequeño pueblo. Alguien llegó... alguien se sintió muy atraído por él. Pero el hombre le dijo, «Tu forma de vida, la forma en que te comportas como un emperador vestido con las ropas de un mendigo, me atrae profundamente. También me gustaría convertirme en un hombre religioso, pero existe un problema. Poseo una vaca y la amo muchísimo. ¡Y es tan hermosa! No soy capaz de dejarla». Una simple vaca... No tenía esposa, ni niños, nunca estuvo casado, pero amaba a la vaca. Y mientras decía esto se sentía un poco estúpido. Dijo, «Digo esto porque sé que tú lo comprenderás. Pero éste es todo mi problema: demasiado apego a esa vaca. ¡Y la he criado y ella siente tanto apego por mí y me ama tanto...! ¿Qué he de hacer?» A lo que Nagarjuna contestó, «No tienes necesidad de ir a ninguna parte. Si alguien ama a otro ser tan profundamente, entonces no hay necesidad de ir a ninguna parte. Convierte ese amor en tu meditación. Medita sobre la vaca».

No crees ningún conflicto. Recuerda, si el amor y la meditación se encuentran en conflicto, la meditación saldrá derrotada. El amor ganará porque el amor es muy hermoso. La meditación sólo puede ganar si vuela con las alas del amor. Emplea al amor como vehículo.


Esto lo que Patanjali quiere decir:

Medita también sobre cualquier cosa que te atraiga.

... cualquier cosa; no hago distinciones. Y no es necesario que te aferres a un solo objeto, porque los objetos pueden cambiar. Esta mañana puedes sentir que sientes amor hacia tu hijo, y mañana puedes no sentirlo. No crees entonces ningún conflicto. Descubre siempre hacia dónde está fluyendo tu amor; cabalga sobre tu amor. Hoy es hacia una flor, mañana es hacia un niño, pasado mañana amas la luna; éste no es el problema. Todos los objetos son hermosos. Sea lo que sea lo que te atraiga, fluye con naturalidad, cabalga sobre ello, medita sobre ello. Lo importante es ser total, no tener divisiones. En tu ser indiviso, la meditación florece.


Así, el yogui se convierte en el Maestro de todo,
desde lo infinitesimal hasta lo infinito


Desde lo más pequeño a lo más grande, él se convierte en el Maestro de todas las cosas. La meditación es la puerta al poder infinito. La meditación es la puerta al superconsciente.
Ya eres consciente; entra en las profundidades del incons-ciente. Dirígete a los fundamentos de tu ser. Ve acumulando más y más consciencia de forma que puedas penetrar en el sueño, en el estar dormido. Ve acumulando consciencia en tus horas de vigilia; eso te ayudará a penetrar en el inconsciente. Entonces, acumula más consciencia en el inconsciente y eso te ayudará a entrar en el superconsciente. Se necesita energía. Ahora mismo, tu energía es muy débil, no es suficiente. Crea más energía siendo consciente.
Es como cuando calientas agua, cuando calientas hielo. Si calientas hielo, se funde. A una cierta temperatura se convierte en agua. Entonces has de calentarla más y más si quieres que se evapore. Sigue calentando; entonces, a una cierta temperatura, a unos determinados grados, de repente se produce un salto y se evapora. La cantidad se transforma en calidad. El cambio cuantitativo se convierte en cualitativo. Por debajo de una cierta temperatura es hielo; más allá de esa temperatura se convierte en agua. Por debajo de una cierta temperatura, de nuevo, sigue siendo agua; más allá de esa temperatura se evapora, se convierte en vapor. Cuando es hielo, se encuentra casi sin vida y cerrada: fría, sin calidez suficiente para estar viva. Cuando es agua, fluye más, tiene más vida, no está cerrada. Se ha fundido, es más cálida. Pero el agua sigue un movimiento descendente. Cuando se evapora, la dimensión cambia. Ha dejado de ser horizontal, se convierte en vertical; asciende.

Primero, ve volviéndote más y más atento durante las horas de vigilia. Eso te elevará hasta una cierta temperatura. En realidad es una determinada temperatura de calor interior, una cierta temperatura de consciencia. Esto te ayudará a penetrar en el inconsciente. Entonces, vuélvete más y más consciente en el inconsciente. Será necesario esforzarte más, se creará más energía. Entonces, de repente, un día descubrirás que estás ascendiendo; habrás dejado de tener un peso. Ahora la gravedad no te afectará. Estarás empezando a convertirte en superconsciente.

El superconsciente tiene todo el poder; es omnipotente, es omnisciente, es omnipresente. El superconsciente está en todas partes. El superconsciente contiene todo el poder que es posible, y el superconsciente lo ve todo; se ha convertido en una absoluta claridad de visión.

Eso es lo que Patanjali dice...,

Así, el yogui se convierte en el Maestro de todo,
desde lo infinitesimal hasta lo infinito.

2 comentarios:

mehta dijo...

Nice Stuff!

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Regards,
Mehta

J. Marcos B. dijo...

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